Pesquisa Javeriana 66
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Edición 66
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Volvimos al continente blanco

En el extremo sur del planeta, donde el mundo parece terminar, hay un continente en el que el silencio y el frío reinan: la Antártida. En 2019 la Javeriana estuvo allí, y ahora, siete años después, ¡vuelve! Esta vez con cuatro proyectos de ciencia que ponen a prueba cómo investigamos, diseñamos y colaboramos en uno de los entornos más agrestes del planeta.

Viajamos con una cápsula análoga construida con envases Tetra Pak para sobrevivir a condiciones espaciales, con diseños pensados para operar en frío extremo, con tecnologías que fortalecen la presencia científica colombiana en la Antártida y con miradas interdisciplinarias que conectan ciencia, ambiente y cooperación internacional. Todo, en el marco de la VIII Campaña Aérea de la Fuerza Aeroespacial Colombiana y la XII Expedición Antártida de Colombia. Una cooperación bajo el liderazgo de la Facultad de Ingeniería y con apoyo de la Facultad de Arquitectura y Diseño y el Design Factory de la Pontificia Universidad Javeriana Bogotá.

Acompáñanos en este especial para seguir la travesía, conocer a quienes hacen posible la expedición y descubrir qué pasa cuando la ciencia colombiana pone los pies ¡y las ideas! en el continente blanco.

Nuestro expedicionario

Nuestro expedicionario

Lucas R. Ivorra Peñafort, profesor javeriano y coordinador del Design Factory Javeriana Bogotá, nos guiará por la Antártida a través de sus ojos.

Montañista, amante de la naturaleza y la aviación, su trabajo se mueve entre la sostenibilidad, la innovación y la forma en que habitamos el planeta. Desde hace más de una década investiga y enseña cómo diseñar sistemas más responsables, pensados para convivir con el entorno y no contra él.

 

En esta expedición, Lucas no solo acompaña los proyectos científicos que viajaron al continente blanco: también narra desde su perspectiva lo que significa llevar la ciencia hacia este lugar del que cada vez sabemos más, pero que aún es muy inexplorado.

Lucas R. Ivorra Peñafort

Aterrizar en el paralelo 60

Estos son los apuntes del diario de campo del profesor Lucas R. Ivorra durante la expedición a la Antártida. Un registro escrito en tiempo real que recoge no solo los hitos del viaje, sino también las sensaciones, decisiones, esperas y pequeños detalles cotidianos que atraviesan una expedición en condiciones extremas.

Salir de casa con destino a la Antártida

○ El inicio de esta expedición marca las 03:00 horas del 27 de enero del 2026. Espero en el Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM), en Bogotá, listo para comenzar esta travesía. A las 04:00 iniciamos el abordaje en un Hércules C-130 y a las 05:30 despegamos. ¡Qué puntualidad!

○ Durante el trayecto hacia Cali (donde se llenará de combustible la aeronave) solo puedo pensar en que estoy cansado, pero feliz. Ver el nivel de preparación, disciplina y sacrificio de tantas personas trabajando por Colombia es emocionante.

○ A las 06:15 llegamos a Cali y hacia las 08:30 despegamos rumbo a Santiago de Chile.

○ En el camino he conocido gente increíble: equipos de arte, periodistas de CityTV, RTVC, Canal Capital, The New York Times y un profe de la Universidad de Antioquia que lleva años investigando el cambio climático en la Antártida.

○ Hacia las 19:00 (hora chilena) llegamos a Santiago de Chile. Nos recibe el embajador, pasamos por migración y a las 21:15 salimos rumbo al hotel para adelantar trabajo y dormir. Al día siguiente seguimos más al sur.

Viajando en un Hércules C-130

○ Viajar en un Hércules C-130 no se parece a ningún vuelo comercial. El espacio está diseñado para maximizar carga y operación: cada centímetro del interior debe permitir la operación segura del vuelo.

○ La tripulación (parecen unas 25 personas, entre piloto, copiloto, ingenieros de vuelo, navegantes, técnicos y suplentes) opera con una precisión impresionante.

○ No hay lujos, pero sí seguridad. Nos entregan tapaoídos para el ruido constante del avión, cada quien lleva su cobija y un cuello de espuma. Parece que dormir no será difícil.

○ La experiencia de volar en un avión militar en una misión científica le da a todo un matiz especial. No solo viajan militares. El Hércules transporta un verdadero ecosistema de ciencia e innovación. Es un avión lleno de historias, proyectos y propósitos distintos, pero con un mismo destino.

Punta Arenas

○ El 28 de enero, a las 07:00 a.m., nos recogen para continuar el viaje. A las 09:40 despegamos rumbo a Punta Arenas, una de las ciudades más australes del mundo y nuestro punto de partida hacia la Antártida. Aterrizamos a las 14:05 en la Base Aérea Chabunco.

○ Aquí termina la etapa continental del viaje y comienza, mentalmente, la expedición antártica. Se siente distinto. La interacción con otros equipos —corresponsales de medios, artistas, científicos— confirma que esta expedición cumple muchos objetivos a la vez: ciencia, cooperación, diplomacia y vínculos humanos.

○ Cerramos el día comiendo algo frente al Estrecho de Magallanes. Aprendo que ese olor fuerte a mar no siempre es el océano: a veces son las algas. El clima ha estado sorprendentemente amable, con poco viento y poco frío. Nos dicen que es inusual.

○ Al día siguiente, un briefing temprano nos confirma lo esperado: no habrá cruce aún. El clima manda. Viento, nieve y visibilidad no permiten volar. Aprovechamos para ir a la ciudad, bajar revoluciones y, en mi caso, adelantar trabajo de la universidad. La Antártida también enseña a esperar.

Primer cruce al continente blanco

○ El cruce estaba proyectado para el 30 de enero, pero como todo en aviación antártica, dependía del clima. Cuando finalmente se abre la ventana, todo se mueve rápido.

○ El vuelo sobre el Paso Drake —ese punto donde se encuentran los océanos Pacífico y Atlántico— dura aproximadamente 2.5 horas. Hay poco ruido de conversación: entre los tapaoídos, el cansancio y la expectativa, cada quien vive el momento a su manera.

○ La aproximación a la Isla Rey Jorge es técnicamente compleja por los vientos y la geografía. Sin embargo, la pericia de los pilotos se siente en un aterrizaje suave a pesar de las condiciones.

○ Llegar a la Antártida es abrumador, pero en el mejor sentido. Ver otros aviones, sentir el viento helado, saberse en el “desierto más grande del mundo”, compartir café caliente en una base chilena y tener wifi en esta esquina remota del planeta… todo sorprende. Poder escribirle a personas que quiero en Bogotá, a más de 6.500 km, es casi irreal.

○ Tras los actos protocolarios, alcanzamos a caminar un poco por la playa. No veo pingüinos (otros colegas sí), pero conozco las instalaciones de la base y una pequeña capilla cristiana ortodoxa, cercana a instalaciones rusas.

○ En lo personal, registro imágenes de sistemas constructivos, estrecho relaciones para futuras colaboraciones técnicas y disfruto el momento con mis compañeros de expedición.

○ En mi segundo cruce a la Isla Rey Jorge sentí más largo el vuelo, pero al llegar tuvimos más tiempo y pude ver la nieve con calma y (¡ahora sí) pingüinos.

○ Pasó algo raro: al llegar a Rey Jorge, el celular y el reloj se actualizaron con horas diferentes. Por ejemplo, el celular marca las 11:33 del martes 3 de febrero. Mientras, el reloj marca las 22:33 del 2 de febrero. Realmente la hora local sería las 19:33 del 2 de febrero.

La espera

○ Esta expedición también ha sido una lección de paciencia. El clima en la Antártida es incierto y obliga a revisar los planes día a día, así que buena parte del tiempo la hemos pasado en Punta Arenas, a la espera de instrucciones. Mientras tanto, avanzo trabajo pendiente de la universidad y acompaño otras tareas que me piden desde Bogotá.

○ En estos días tranquilos he pensado mucho en una palabra clave para el trabajo de campo: rapport. Consiste en construir confianza, empatía y sentido de comunidad, algo que considero importantísimo para que los proyectos fluyan mejor, especialmente en contextos extremos.

○ Aunque los cruces se retrasen, el trabajo no se detiene. Avanzamos en la definición del enfoque de un artículo científico sobre la estación científica permanente, junto con la Facultad de Ingeniería y el equipo de la FAC. También se preparan los equipos para cuando el HACAE esté desplegado y continúan los proyectos Hidrógeno Austral y Vientos del Sur, además de nuevas propuestas de investigación desde Arquidiseño.

○ Una anécdota de estos días resume bien el espíritu de la expedición. En la segunda vez que crucé a la base Frei (la mayor base antártica de Chile) fuimos a un puesto de la Armada Chilena y nos dieron unos certificados de visita muy bonitos. Los olvidé en un sofá. El error implicó “pagar ponchera”, una tradición de las Fuerzas Militares cuando alguien se equivoca. Lo hice pagando una comida compartida, que se convirtió en un momento muy bonito para agradecer y fortalecer vínculos con otros investigadores, muchos de los cuales se irán aproximadamente 10 días a la base Marambio (en Argentina).

○ Había una posibilidad de que yo cruzara a la Estación Científica Marambio, pero por restricciones operacionales se decidió que otras personas y yo no cruzáramos para darle prioridad, por ejemplo, al equipo de investigadores principales de la FAC y al HACAE (que pesa aproximadamente 2 toneladas).

○ La decisión de que varios no cruzáramos se basó en un concepto clave de aviación: Maximum Landing Weight (MLW). Esto depende de múltiples factores, como condiciones meteorológicas, límites estructurales de la aeronave, combustible estimado remanente al aterrizaje y la Landing Distance Available (LDA), que puede ser afectada por las condiciones de la pista. Todo enseña y lo primero es la seguridad.

○ Una nueva prueba: se acabó el café en el casino donde hemos comido. Yo tomo bastante café, me hace falta para sentirme en casa, así que será un reto de adaptación (risas).

○ Hoy, 9 de febrero, es posiblemente el último día en Punta Arenas. Sigo a la espera de instrucciones.

Hasta pronto, Antártida

○ El regreso hacia Colombia empieza con pequeños gestos logísticos: entre las 09:00 y 10:30 cargamos maletas y cajas en el avión. Empacar también es una forma de despedirse. Organizo el cuarto, doy algunas entrevistas y adelanto pendientes. Es la última semana sin clases: pronto regreso al aula.

○ El 11 de febrero nos citan a las 05:00 a.m. Despegamos hacia las 06:15 rumbo a Santiago de Chile y aterrizamos cuatro horas después. Agradezco a la Fuerza Aérea de Chile (FACH), desayuno con gusto y celebro porque me puedo sentar en el puesto que quería: en la parte posterior del avión (ahí quedo cerca de la carga y del baño). Duermo bien. Una hora antes de aterrizar, la tripulación me invita a la cabina de mando. Ver el trabajo coordinado del piloto, copiloto, ingeniero de vuelo, navegante y oficial de seguridad produce una sensación difícil de describir: paz. La misión se siente cumplida. Cerramos con una celebración sencilla en el viñedo Undurraga.

○ El 12 de febrero regresamos a Colombia. Desayunamos en el hotel y tomamos el bus hacia la base de la Fuerza Aérea Chilena Puduel. Como Santiago de Chile está a menor altura que Bogotá (Santiago a unos 570mnsm y Bogotá a unos 2.600msnm) el avión pudo despegar con capacidad plena para volar directo hacia Bogotá. Recuerdo mis años como auxiliar de vuelo y pienso en los vientos en contra que hacen más largo el regreso, como ahora. Durante el vuelo reparto chocolates para agradecer a la tripulación, avanzo este diario y me despido del paisaje desde la ventanilla.

○ Aterrizamos a las 17:11, hora Colombia. La FAC nos recibe con formación de la Policía Militar, música y familias esperando. Siento nostalgia porque la Comisión termina, alegría por volver a casa y satisfacción por los objetivos cumplidos.

○ Cierro pendientes administrativos, preparo el regreso a clases y retomo la rutina.

○ Gracias por acompañarme hasta aquí. La Antártida queda atrás, pero lo aprendido viaja conmigo.

 

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